Llegué huyendo. De todo. De todos. Llegué escapando de caras que me saludasen por la calle, buscando el anonimato. Buscando conversaciones triviales con gente que no viese más que lo de fuera, huyendo de cualquiera que traspasase la fachada.
Llegué con la intención de enfriarme. Con la intención de mojarme lo mínimo, y sobrevivir siempre resguardada de cualquier adversidad. Con la intención de adquirir más capas que me protegieran de la intemperie.
Y huí. Y salió bien. Hasta que traspasaron la fachada. Hasta que me saludaron por las calles. Hasta que una desconocida en un mar inmenso de gentes se sintió parte de ese mar. Una gota más.
Y me enfrié. Y salió bien. Hasta que empecé a mojarme. Hasta que me di cuenta de que las capas humedecidas pesan demasiado, y que cuando llueve se va mejor con un simple chubasquero. Hasta que tiré el paraguas. Hasta que empecé a valorar la lluvia en mi pelo. El olor constante a mojado. Y estaba fría, pero no seca.
A partir de entonces, todo salió mejor.
Gracias.
sábado, 30 de mayo de 2015
martes, 31 de marzo de 2015
Juré morir amando todo.
Hay momentos en los que la melodía deja de ser música de fondo
y pasa a ser banda sonora. Deja de ser banda sonora
y pasa a ser sístole. Y diástole. Y sístole.
Cerrando los ojos, se enciende el universo. El de dentro.
Y resulta ser aún mas negro que el de fuera. Qué sorpresa.
Tienes que volver al lugar del que nunca te atreviste a huir,
tienes que callar lo que nunca supiste decir.
El recuerdo es más presente que el momento.
No se puede resetear algo que no funciona.
Deliras alcohol y humo mientras mis delirios de palabras consumen tus venas ennegrecidas.
Lloras cada noche con los puños cerrados extrañando presencias ausentes cuando a mi se me ha olvidado cómo sabe el agua salada.
Nos fumamos un peta, dices.
Si me fumo te enrollas. Si me rayas te esnifo.
Mis pupilas ya están dilatadas.
Se han adaptado a la oscuridad.
Juré morir amando todo.
Y qué mal me ha salido la jugada, tío.
y pasa a ser banda sonora. Deja de ser banda sonora
y pasa a ser sístole. Y diástole. Y sístole.
Cerrando los ojos, se enciende el universo. El de dentro.
Y resulta ser aún mas negro que el de fuera. Qué sorpresa.
Tienes que volver al lugar del que nunca te atreviste a huir,
tienes que callar lo que nunca supiste decir.
El recuerdo es más presente que el momento.
No se puede resetear algo que no funciona.
Deliras alcohol y humo mientras mis delirios de palabras consumen tus venas ennegrecidas.
Lloras cada noche con los puños cerrados extrañando presencias ausentes cuando a mi se me ha olvidado cómo sabe el agua salada.
Nos fumamos un peta, dices.
Si me fumo te enrollas. Si me rayas te esnifo.
Mis pupilas ya están dilatadas.
Se han adaptado a la oscuridad.
Juré morir amando todo.
Y qué mal me ha salido la jugada, tío.
martes, 24 de febrero de 2015
Punto y coma.
Flotaba entre la inconsciencia y el dolor. Sus extremidades se extendían abiertas, lacias e inertes, como los tentáculos de una medusa que se deja llevar mecida por el agua. Sentía su cabeza muy pesada, como si empujase la superficie sobre la que reposaba. Y al mismo tiempo no estaba allí. Estaba muy lejos de allí. Un zumbido sin intermitencia impedía la corriente de información entre cada una de sus neuronas, como si hubiera pasado demasiado tiempo cerca de un enorme altavoz para luego pasar a una repentina quietud, como el ruido sordo de la nada, como la ausencia total de sonido donde debería haberlo. No debería poder pensar. Su mente decía que no debía decir cosas y comenzaba así una contrariedad. Una de tantas.
Era demasiado doloroso, no podía haberse ido. Pero estaba demasiado ida como para ser capaz de volver. Ni siquiera sabía cómo emprender el regreso. Ni siquiera sabía si podía haber tal regreso. Trató de esforzarse en encontrar una salida a aquel tapiz blanco que a veces se tornaba negro y otras veces cobraba colores indescriptibles, mas ¿cómo iniciar una búsqueda sin herramientas físicas que obedezcan tus órdenes? ¿Cómo dar órdenes desde una central estropeada y obsoleta?
Era como una parálisis del sueño eterna. Era una semiinconsciencia consciente. Un querer y no tener cómo. A veces creía recibir estímulos externos y agudizaba unos sentidos que probablemente estuviesen aún más maltrechos que su hastiado cuerpo. No. El camino del dolor era demasiado horrible.
No sabe cuánto tiempo pasa, a veces parecen años y otras milésimas de segundo. Nada cambia y a la vez cada instante es diferente del anterior. Y entonces ocurre. En el constante zumbido de su mente se cuela otro sonido. Habría sonreído si hubiese sabido cómo.
Tiene que volver. Tiene que encontrar el camino de vuelta. Tiene que sufrir un poco más. Mucho más. Pero debe hacerlo. Debe regresar de su limbo.
.../
En la fría habitación del hospital, una máquina frena su incesante pitido.
Sólo un momento.
Era demasiado doloroso, no podía haberse ido. Pero estaba demasiado ida como para ser capaz de volver. Ni siquiera sabía cómo emprender el regreso. Ni siquiera sabía si podía haber tal regreso. Trató de esforzarse en encontrar una salida a aquel tapiz blanco que a veces se tornaba negro y otras veces cobraba colores indescriptibles, mas ¿cómo iniciar una búsqueda sin herramientas físicas que obedezcan tus órdenes? ¿Cómo dar órdenes desde una central estropeada y obsoleta?
Era como una parálisis del sueño eterna. Era una semiinconsciencia consciente. Un querer y no tener cómo. A veces creía recibir estímulos externos y agudizaba unos sentidos que probablemente estuviesen aún más maltrechos que su hastiado cuerpo. No. El camino del dolor era demasiado horrible.
No sabe cuánto tiempo pasa, a veces parecen años y otras milésimas de segundo. Nada cambia y a la vez cada instante es diferente del anterior. Y entonces ocurre. En el constante zumbido de su mente se cuela otro sonido. Habría sonreído si hubiese sabido cómo.
Tiene que volver. Tiene que encontrar el camino de vuelta. Tiene que sufrir un poco más. Mucho más. Pero debe hacerlo. Debe regresar de su limbo.
.../
En la fría habitación del hospital, una máquina frena su incesante pitido.
Sólo un momento.
lunes, 5 de enero de 2015
"Me pregunto quién sería el primero en descubrir la eficacia de la poesía para acabar con el amor".
Te esforzaste tanto por regar la flor que acabaste ahogándola.
Te esforzaste tanto por creer en algo inexistente que acabaste matando lo tangible.
Mataste lo bello queriendo crear algo perfecto.
Te llaman poeta, te llamo niñato. Te añoro, niñato. Pero no vuelvas nunca.
Te esforzaste tanto por creer en algo inexistente que acabaste matando lo tangible.
Mataste lo bello queriendo crear algo perfecto.
Te llaman poeta, te llamo niñato. Te añoro, niñato. Pero no vuelvas nunca.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Mamá.
"Y cuanto más miserable te sientas, más rojos te pintas los labios. Y sales a la calle con la ropa del domingo y la sonrisa grapada a las orejas.
Y así a los demás les parece que tienes un fajo de billetes en el bolsillo y un beso plantado en la mejilla. Y con un poco de suerte te lo crees tú misma."
Y así a los demás les parece que tienes un fajo de billetes en el bolsillo y un beso plantado en la mejilla. Y con un poco de suerte te lo crees tú misma."
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Quizás debería correr.
Llevo luchando tanto tiempo contra lo que de hecho esta ahí que se me han secado los tulipanes a base de regarlos. Así que he decidido arrancarlos y cultivar margaritas. Pero no pienso arrancarles pétalos por ti, hace poco leí que las plantas sienten más de lo que pensamos. Y yo ya he causado bastante daño. No sé si hay que regar las margaritas, pero para terreno yermo lo prefiero plagado de flores muertas.
Las palabras están inundando las paredes y a mi se me escapa el humo entre los labios sin nadie que lo recoja con los suyos. Y se me desviste el alma cada noche, y se me recompone cada mañana sólo por unas horas, las justas, las necesarias. Y luego vuelve a caer la noche más pronto que tarde y mis pupilas vuelven a dilatarse. Para buscar la luz. O porque ya la han encontrado en sitios poco recomendados.
Háblame de confianza, de abrazos rotos y de palabras vacías, e intenta contarme algo que no sepa. Dime qué pasa después de que dos cuerpos desnudos por dentro y por fuera se fumen un cigarro con la ventana abierta a menos cinco grados en el exterior. Y el frío les erice la piel. Y el calor la funda por dentro. Dime cuántos centímetros hacen falta para congelar la distancia de seguridad.
Cuéntame ese cuento que tanto me gusta, el de antes de dormir, el que me causa esas pesadillas de las que eres protagonista. Me he vuelto puta adicta a las noches de insomnio, al temblor, al miedo, a la oscuridad. Oscuridad contigo, qué mas da.
No sé si me puede el vértigo o ya me he lanzado al vacío. No sé si estoy más viva que nunca o es que ya me he muerto. No sé cuáles son mis circunstancias, desconozco mis decisiones. Mi voto ha quedado vetado en mi propia vida. Se me han acabado las páginas del libro y aún no se si volver a abrirlo o enterrarlo.
Cuando me decida, te aviso.
Las palabras están inundando las paredes y a mi se me escapa el humo entre los labios sin nadie que lo recoja con los suyos. Y se me desviste el alma cada noche, y se me recompone cada mañana sólo por unas horas, las justas, las necesarias. Y luego vuelve a caer la noche más pronto que tarde y mis pupilas vuelven a dilatarse. Para buscar la luz. O porque ya la han encontrado en sitios poco recomendados.
Háblame de confianza, de abrazos rotos y de palabras vacías, e intenta contarme algo que no sepa. Dime qué pasa después de que dos cuerpos desnudos por dentro y por fuera se fumen un cigarro con la ventana abierta a menos cinco grados en el exterior. Y el frío les erice la piel. Y el calor la funda por dentro. Dime cuántos centímetros hacen falta para congelar la distancia de seguridad.
Cuéntame ese cuento que tanto me gusta, el de antes de dormir, el que me causa esas pesadillas de las que eres protagonista. Me he vuelto puta adicta a las noches de insomnio, al temblor, al miedo, a la oscuridad. Oscuridad contigo, qué mas da.
No sé si me puede el vértigo o ya me he lanzado al vacío. No sé si estoy más viva que nunca o es que ya me he muerto. No sé cuáles son mis circunstancias, desconozco mis decisiones. Mi voto ha quedado vetado en mi propia vida. Se me han acabado las páginas del libro y aún no se si volver a abrirlo o enterrarlo.
Cuando me decida, te aviso.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Iron sky.
Mucho más alto. Más lejos. Ahí, donde vuela ese cuervo, arriba. Donde debe acabar esa gran cúpula gris y abrirse a un azul brillante, a un color menos deprimente. Donde el cielo deja de parecer sólido y permite que te fundas en él.
Debe ser que estoy ganando agua por ósmosis, que la humedad no sólo me cala los huesos, que ha apagado algo más, y que este frío se me está metiendo aún más dentro, aún más profundo, más allá del tuétano.
Porque la verdad es que me importa un carajo.
Y, ¿sabes qué? Está bien. Estoy bien.
Debe ser que estoy ganando agua por ósmosis, que la humedad no sólo me cala los huesos, que ha apagado algo más, y que este frío se me está metiendo aún más dentro, aún más profundo, más allá del tuétano.
Porque la verdad es que me importa un carajo.
Y, ¿sabes qué? Está bien. Estoy bien.
Over fear and into freedom. Rain on me.
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