Es más sonrisa que cara, pero cuando se pone seria se le humedecen los ojos. Camina dando saltitos y cuando habla le aletean las manos ansiando volar. Cuenta su mierda. "Todo el mundo tiene lo suyo". Pero vaya con su mierda. "He rozado la locura. La he tocado con los dedos. Estuve a punto de perderme, pero siempre quise luchar". Apenas sabe nada de mi. No ha hecho falta. Dice que he sufrido, que eso se nota. Que entre nosotros sabemos reconocernos. Dice que soy fuerte. Que me lo vio en la cara. Dice que se ve reflejada en mi y que ahora nos toca. Dice que la felicidad se consigue persiguiendo la felicidad. Yo creo que se refiere a la Utopía que describía Galeano. Pero quizás sí que sea el camino el que ella describe. Quizás la solución sea decir adiós a los monstruos. Dejar de temer la soledad y el abandono. Creer como ella que "si hemos pasado por esto, podemos pasar por cualquier cosa. Ya nada puede con nosotras".
Yo también rocé la locura con los dedos. Aún sigo acariciándola de cuando en cuando. Y me da miedo que mi mierda salpique, que mi mierda aleje y que el "eres normal" que me dijeron un día sea tan sólo un espejismo. Y me meto las llaves entre los dedos cuando voy sola. Y me alejo de las ideas de una estabilidad que jamás he sentido. Y tengo el concepto 'Efímero' tatuado a hielo, porque el fuego quema y las cenizas duelen. Y una goma de borrar sólo para aquello que no me atrevo a decir por el miedo al futuro. Y a veces tengo la sensación de que mi pecho suena hueco. De que me sangran las uñas de clavarse en la piel, pero la piel ha perdido la facultad de sangrar. Y temo, y grito, y lloro.
Y sano. Lento, pero sano. Tengo dos pilares que traspasan el cielo y un niño rubio que pierde los ojos cuando sonríe. Tengo manos que me levantan y oídos que me escuchan.
Y tengo un sanador. Un curandero de caricias.
Hoy he estado con un ángel. Dice que somos supervivientes.
miércoles, 30 de marzo de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Historia de Luz.
Al principio, todo era nada. Al principio ni siquiera había
un principio. Al principio, una niña de siete años escribía cartas que no
correspondían a sus escasas vivencias. Al principio nadie veía a la niña salvo
quien quería verla, quien permitía que sus ojos se adaptasen a las sombras. Y
ella lo sabía, y su lúgubre entorno era cómodo, y pequeño, como ella.
Luz no sabía nada de esto entonces. Luz alumbraba vidas y
propagaba paz. Luz permitía ver las cosas con claridad incluso sin saber que lo
hacía. Luz era envidiado, era temido, era deseado. Luz arrasaba por donde iba, Luz irradiaba seguridad.
Cuando Luz se encontró con la pequeña niña Sombra,
alumbrarla se convirtió en reto. Cuando la niña se encontró con luz, entender
la fuente de toda esa energía fue su Biblia. Se convirtieron en dos imanes que
giraban sin parar, alejándose cuando estaban demasiado cerca, acercándose
cuando estaban demasiado lejos. Se convirtieron en dos astros orbitando uno con el otro, sin llegar a tocarse nunca, sin poder escapar de la atracción jamás. A veces, la niña Sombra quedaba parcialmente iluminada cuando Luz se le acercaba demasiado. Y
se asustaba, y huía más. La pequeña niña Sombra solía estar cómoda en la oscuridad. Pero
estaba imantada a Luz.
Luz era osado, y no le temía al aura oscura de ella. Luz
sabía toda la oscuridad que dejaba tras de sí. Luz tenía una cara que siempre
permanecía escondida, y en ella escondía su propia oscuridad para que nadie
pudiese verla. La niña Sombra pudo verlo. La niña Sombra pudo ver que luz no
era tan diferente a él. Luz era fuerte, era valiente, era tenaz. Eso era lo que hacía su naturaleza. Pero a veces, luz
era vulnerable.
Luz y Sombra llegaron a acercarse tanto que ella quedó
totalmente iluminada por él. Él pudo verlo todo. Vio lo que la oscuridad
había ocultado siempre. Vio a la pequeña sin filtros, sin opacidades, la vio
sin pasado a sus espaldas y sin futuro en sus ojos. La vio íntegra. Y no se
fue. Se quedó allí, iluminándola. Hasta que ella tuvo luz propia. Perdiendo parte de sus energías para pasárselas a ella. Y proyectó
todas sus sombras tan lejos que por un momento fueron casi inexistentes. Sombra
lo abrazó. Y tocó esa parte oculta, esa parte oscura, esa parte llena de
sombras de Luz. La tocó con sus manos contagiadas de la paz de las de él, y
apaciguó su oscuridad con su claridad prestada. Sombra curó a Luz con su propia luz.
Ahora Luz y Sombra son uno. Ahora no se ve dónde termina
uno, y dónde acaba el otro. Ambos tienen sombras. Ambos tienen luz. Y cuando
uno se apaga, el otro brilla tanto que irremediablemente radia al otro con su
energía. Ya no se sabe cuánta luz de Sombra es de Luz. Ni cuanta sombra de Luz
es de Sombra. Él carga con parte de la de ella para facilitarle el camino. Ella le devuelve su propia luz cuando él la necesita.
Esta es sólo la historia de la pequeña niñita de 7 años que
escribía cartas a Nada en la oscuridad de su habitación. Luz se ha cruzado con
muchas más almas en el camino. Luz sigue alumbrando vidas.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Voluble y lunática.
No hay
quien pueda quitarme el caleidoscopio de las manos y las piedras de los
bolsillos, y los nidos del pelo, y los alfileres de debajo de las uñas. No se pueden sacar del edredón los hastíos, los olvidos, la indiferencia y la introspección monocromática.
Los defectos de fábrica no se pueden revertir.
Los defectos de fábrica no se pueden revertir.
martes, 2 de febrero de 2016
Todo es mañana.
El árbol se tuerce. Las ramas se rompen. Los frutos caen y las hojas marchitan. Los pájaros trinan desesperados. Tienen miedo a las alturas. La mariposa al otro lado del mundo no aletea. Es mentira eso que dicen, se ha cansado de querer cambiar el mundo. No provoca tal huracán. El huracán sueña con ser brisa. Al sol se le ha olvidado cómo salir, a la luna cómo ponerse. Las estrellas no quieren ser almas de personas muertas. El universo quiere sentirse pequeño. No quiere ser infinito. La Tierra no llora porque muere, está cansada de vivir. El agua ya no quiere fluir. El agua sólo quiere descansar.
Y en realidad, todo eso da igual.
Y en realidad, todo eso da igual.
lunes, 18 de enero de 2016
domingo, 27 de diciembre de 2015
Inocente, inocente.
Se me salen las tripas y aquí huele a podrido, que las
mariposas fermentan bien. Yo que tú me alejaba. Mi tinta es ponzoña y mis manos
tratan de sostener los pedazos que se rompen de mí, pero se me escurren entre
mis dedos engarrotados por el frío. Me arde la inseguridad, la ingenuidad y el
avergonzamiento. Me duelen las cicatrices que me hice yo misma más que las que
me hicieron los demás. No sé olvidar, pese a que no recuerdo. Me falla más
veces la razón que la memoria, y más veces la memoria que el rencor. Prefiero recordar
risas ajenas y lágrimas propias. Prefiero lo bueno de fuera, y que lo malo
venga del interior.
…
¿Y que la ingenuidad se siga comiendo las mariposas?
No. Mejor no te alejes. Mis mariposas son mías. Mis
mariposas son mi reliquia.
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